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Espectáculo sin sol

australia-2010-salida

 

El GP de Australia ha servido como argumento a quienes sostienen que la actual normativa de la F1 no limita los adelantamientos y el espectáculo. No comparto el criterio. Por el contrario, creo que precisamente confirma que, a falta de situaciones extraordinarias, la variación de puestos en carrera es extraordinariamente difícil.

De acuerdo en que la carrera australiana ha sido emocionante. Pero ¿que ha sido necesario para ello? En primer lugar, la aparición de la lluvia. Es decir, el elemento que, por antonomasia, favorece a los pilotos sobre los vehículos. En segundo lugar, por distintas circunstancias de carrera, tres de los cuatro campeones del mundo se vieron retrasados en sus posiciones en el comienzo de la carrera. Y, por último, el cambio de estrategias respecto a los neumáticos motivado por la lluvia y los incidentes favoreció las variaciones de posición. Pero estas distintas estrategias son, precisamente, las que han desaparecido en circunstancias normales con la prohibición de repostajes.

Lo cierto es que cuando la recuperación de puestos por los principales pilotos desde posiciones muy retrasadas alcanzó cierto punto, la posibilidad de adelantamientos desapareció. Massa no pudo adelantar a Kubica. Ni Alonso a Massa. Ni Hamilton a Alonso. Ni Webber a Hamilton. Incluso Schumacher tuvo serios problemas con Alguersuari. En definitiva, salvo situaciones de gran desigualdad mecánica, los cambios de posiciones en carrera siguen mostrándose casi imposibles.

Hay que ser conscientes de que la aerodinámica de los monoplazas actuales dificulta extraordinariamente los adelantamientos. Mientras no se acierte a cambiar este aspecto, seguiremos teniendo la misma situación. El problema es que en la normativa de esta temporada, con un simplismo profundamente erroneo, se razonó que si se prohibían los repostajes, los pilotos se verían obligados a efectuar adelantamientos en pista. La simpleza del razonamiento radica en que no es que los pilotos no adelantasen en pista por falta de motivación, sino porque la aerodinámica no lo permitía. Así que al eliminar un factor de diferenciación como la distintas estrategias de combustible, se les coloca ante una misión casi imposible, en detrimento del espectáculo si no es por la aparición de otras situaciones inusuales.

Y es que el desarrollo de la normativa técnica no puede ser más deficiente. Resulta increíble que, después de lo acontecido la temporada pasada con los dobles difusores, en la temporada actual no se determinase claramente las características de la zona de entrada de la “lanza” que permite arrancar los monoplazas. ¡Que más quieren los ingenieros! Por supuesto, varios equipos interpretaron esa zona de entrada “de forma amplia”, generando nuevamente unos dobles difusores. Eso sí, esta vez han sido prohibidos inmediatamente.

De fenómeno insólito ha de calificarse el hecho de que Virgin haya descubierto que el diseño de su chasis no permite alojar un depósito de combustible lo suficientemente grande para poder acabar las carreras. Cuales son los datos de consumo que les ha facilitado Cosworth o qué tipo de cálculos han hecho en el equipo son un misterio. Pero el resultado es digno de aquella serie de animación que se llamaba Autos Locos, en la que el malvado se quedaba a menudo sin gasolina a pocos metros de la línea de meta.

Realmente hay un problema intrínseco en la prohibición de modificaciones en los motores o en los chasis. Es cierto que puede ser un elemento de contención del gasto y de limitación de la escalada técnica de los grandes equipos. Pero también produce el resultado de que si al comienzo de la temporada algún equipo ha conseguido una ventaja técnica, los competidores no pueden compensarla con su desarrollo posterior.

En cuanto a la carrera en sí misma, nos deja algunas reflexiones. Button se reivindica frente a los que piensan que su título fue solo producto de la suerte. Arriesgó en el cambio a neumáticos slicks, se mantuvo en pista con ellos cuando era muy difícil y eso le permitió ganar.

Kubica estuvo excepcional. En la línea de cuando ensalzábamos a Alonso por sus hazañas con un Renault. Y olvidarse de Massa como un candidato al título sería un grave -e injusto-error. Demuestra una regularidad de campeón, más reseñable después de su lesión de la temporada pasada.

Alonso se equivocó en la salida. El toque con Button fue culpa suya. En carrera el piloto que intenta adelantar debe haber ganado la posición a la entrada de la curva. Pero en la salida ha de admitirse que en la primera curva pasan varios vehículos a la vez. Y Button no podía desaparecer cuando Alonso cerró su trayectoria, porqué si hubiese frenado lo suficiente para evitarla, con toda seguridad hubiese sido embestido por los que le seguían. Después de eso, su remontada fue espectacular. Los títulos se alcanzan venciendo cuando todo va bien y puntuando cuando va mal.

Vettel da ya muestras de estar profundamente cansado de los fallos mecánicos de su equipo. Pronto tendrá ofertas que traten de aprovecharlo. Y tampoco Webber parece tener suerte. Pero es que tratar de hacer “el tren” a Alonso, siguiendo a Hamilton, por el exterior es un alarde de optimismo que solo podía acabar fuera de la pista.

Y  por primera vez me ha gustado Alguersuari. No tanto por haber contenido durante muchas vueltas a Schumacher -que no olvidemos que tenía el alerón delantero dañado- sino porque cuando el alemán encontró el hueco le mantuvo el pulso, rueda con rueda. Esa confianza es imprescindible si quiere asentarse.

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